O la alarga, según se mire.
Parece que tienes que decidir si prefieres una experiencia corta pero intensa (como mi blog) o larga pero aburrida (como los artículos de los demás).
Yo soy de los que prefiere el término medio.
Ya sabes; lo razonable. Como Buda.
Aunque sin caracoles. Yo soy más de fruta fresca.
Muchos de mis clientes dicen buscar aventuras.
Una vida más emocionante, amigos nuevos, viajes…
Pero en cuánto les propones un plan un poco excéntrico se cagan en las bragas.
¿Buscar un nuevo trabajo?
¿Conocer gente nueva?
¿Entrar en un relación?
¿Hacer un viaje sin tener todo programado de antemano?
Eso sería, probablemente, algo demasiado Hippie.
Algo que les alejaría de su sensación de seguridad y de la imagen estable que tantos años han tardado en generar hacia su entorno.
Y ya sabemos lo que pasa con los hippies o quien se junta con ellos.
No hay más que ver cómo acabó John Lennon…
O Janis Joplin.
Demasiada gente identifica lo desconocido con el peligro.
Piensan que el propósito de la vida es ir a lo seguro.
Saber siempre a dónde van.
Desde niños nos educan para estar preparados pero…
No hay educación posible ante lo desconocido.
Nada te prepara para lo que hay tras la puerta del último After Hours de la capital un día 1 de enero. ¡Nada! Especialmente si vas a los baños.
Si te paras a pensarlo, durante tu educación no haces más que revivir situaciones esperables.
Respondes a exámenes cuyas preguntas conoces de antemano.
Ensayas temas que repites una y otra vez…
Es como cuando vas al karaoke y pides siempre la misma canción que te sabes para quedar bien…
¡¡Un coñazo supino!!
Eso te lleva a aferrarte a esa sensación de seguridad.
A no plantearte nuevas preguntas.
A aborrecer nuevos estilos musicales.
A no querer hacer cambios en tu vida.
Quieres la estabilidad, la seguridad, el confort…
Ya habrá otros que se den de leches contra lo desconocido.
Para eso ya han estado Da Vinci, Einstein, Jesucristo y toda la selección de fútbol de Argentina.
Pero hay un par de problemas en toda esta seguridad:
Sin nuevas experiencias dejas de aprender y tu mente se corrompe.
Tu cuerpo se acomoda a las rutinas y se vuelve rígido.
La desidia se apodera de ti.
Te vuelves cada vez más miedoso (por eso dejas de subir a las atracciones).
Y cuando te das cuenta, empiezas a mirar atrás con nostalgia.
No miras al confort que tuviste.
Ni a la seguridad que te daban tus cuentas corrientes y los amigos «malos conocidos».
Miras a la época en la fuiste un poco Hippie.
En la que te dejaste llevar y eras valiente.
En la que aprendiste tantas cosas aunque pareciesen inútiles.
Para hacerte más flexible, crecer y superarte.
Para alcanzar la felicidad y sentir que la vida vale la pena.
Para que sea más intensa y emocionante...
Échale un par y sal de tu zona de confort.
Reencuéntrate con tu «yo» más Hippy (O con tu «Tú», que a mí, melena me queda más bien poca).
Mira a ver qué trae lo desconocido para ti.
Echa un ojo tras la puerta del After Party (aunque sea madrugando en vez de aguantando la noche entera).
Igual te llevas una sorpresa y descubres que no hay nada fuera de tus posibilidades...
Y que toda la gama de la experiencia humana es tuya para disfrutarla.
Feliz Vida!!
